Hace frío, ha parado momentáneamente de llover y la oscuridad empieza a ser patente. En un escenario unos pocos músicos tocan versiones de canciones navideñas, mientras un grupo de personas se amontona en el puesto que vende vino caliente. Del mogollón de gente, sale un hombre con dos jarritas en forma de bota, el vino humeante se huele a distancia.

Otro grupo de gente se agolpa en el puesto de salchichas y patatas fritas, donde los dependientes apenas dan abasto a atenderles.

Los niños disfrutan montando en el tiovivo y la noria, mientras sus padres les esperan sin quitarles ojo.

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Hay también puestos de decoración y artesanía. En uno se puede comprar adornos para el árbol hechos con paja e hilo rojo, en otro se pueden comprar belenes tallados en madera. También hay puestos que venden coronas, muérdago y árboles naturales.

En otro lado de la ciudad hay una pista de hielo donde grandes y pequeños se deslizan con mayor o menor destreza.

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Todo el mundo disfruta y se ríe. Es una gran fiesta que atrae a mucha gente, a pesar del frío, a pesar de la lluvia… Para eso están las mesas con tejadillos y los calefactores.

Es hora de pasarlo bien, de vivir la navidad y dar la bienvenida al invierno.

Fuera del mercadillo, las casas se decoran con luces, las ventanas toman protagonismo y las puertas se engalanan con coronas.

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Un abrazo,

lorena